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AGENCIA DE COMUNICACIÓN RODOLFO WALSH Integrante del Foro De Medios Alternativos y de la RED NACIONAL DE MEDIOS ALTERNATIVOS
Domingo, 11 de febrero de 2007
El amor, madre, a la patria
No es el amor ridículo a la tierra,
Ni la hierba que pisan nuestras plantas,
Es el odio invencible a quién la oprime,
Es el rencor eterno a quien la ataca.
Escenas de Abdala
(escena v)
JOSÉ MARTÍ
Fecha de nacimiento: 28 de enero de 1853
Falleció: 19 de mayo de 1895
Héroe Nacional de Cuba y figura mayor de la historia, las letras y la cultura hispanoamericanas
Patriota
y escritor cubano, apóstol de la independencia de Cuba, ultima colonia
española en América. El hecho de haber muerto en la batalla lo
transformo en el mártir de las aspiraciones cubanas a la independencia.
Nació
en el seno de una modesta familia española en la Habana, el 28 de enero
de 1853, donde recibió su educación primaria. Fue discípulo de Mendive
y de Luz y Caballero. A los 16 años por sus ideas revolucionarias fue
condenado a seis años de prisión. Con la salud quebrantada, fue
indultado y confinado en la isla de Pinos. Deportado a España en 1871,
publico El presidio político en Cuba, el primero de muchos folletos que
abogaban por la independencia cubana de España y La Republica Española
ante la Revolución Cubana. Termino su educación en la Universidad de
Zaragoza; donde en 1874 se licencio en Derecho y Filosofía y Letras.
Años mas tarde, vivió su destierro en Francia, en 1875 se traslado a
México donde se caso con Carmen Zayas Bazón, y en 1877 fue a Guatemala,
donde enseño por un tiempo en la Universidad Nacional.
Volvió a Cuba en 1878 pero fue desterrado nuevamente en 1879 por sus continuas actividades revolucionarias.
Se
traslado a EE.UU. donde vivió entre 1881 y 1895 en Nueva York, ejerció
el periodismo y fundo en 1892 el Partido Revolucionario Cubano, del que
fue elegido delegado para la organización de la lucha independentista.
Fue ese año cuando fundo su diario, "Patria".
En
1895 en la isla de Santo Domingo redacto el Manifiesto de Montecristi,
en el que predico la guerra sin odio, y que firmo con Máximo General
Gómez y Báez, el héroe de la independencia cubana. Desembarco con éste
en Playitas, en el este de Cuba, donde murió un mes mas tarde, el 19 de
mayo de 1895, durante una escaramuza con tropas españoles en Dos Ríos.
Como
escritor Martí fue un precursor del modernismo iberoamericano. Sus
escrituras incluyen numerosos poemas, "Ismaelillo" (1882), "Versos
sencillos" (1891) y "Versos libres" (1892), la novela "Amistad funesta"
(1885) y ensayos.
En 1889 fundo y dirigió la revista para niños "La edad de oro" donde publico un texto sobre San Martín.
Se
destaco por su estilo fluido, simple y sus vividas imágenes personales.
Sus Obras Completas, formadas por 73 volúmenes, se publicaron desde
1936 a 1953.
De donde crece la palma
por Cintio Vitier
Primogénito
de modestos inmigrantes, José Martí, sin renegar nunca de su raíz
hispánica, se sintió fruto de Cuba, la tierra que lo vio nacer. Siendo
todavía un niño, los espectáculos cruentos de la esclavitud lo hicieron
pronunciar un juramento: "lavar con su vida el crimen". Al despuntar su
adolescencia, era ya un luchador contra el colonialismo, que lo condenó
a trabajo forzado, con cadena y grillete al pie, en un presidio
político cuyos horrores denunciaría y en el que forjó paradójicamente,
su libertad espiritual, su ética militante, con la que llegó a predicar
una guerra de liberación "necesaria", pero "sin odio".
Su
destierro en Madrid y Zaragoza, donde hizo estudios, le confirmó, por
un lado, su vinculación con el espíritu rebelde del pueblo de España y
por otro, que nada podía esperar Cuba de sus gobiernos, monárquicos o
republicanos. Su peregrinación por México, Guatemala y Venezuela le
hizo experimentar los problemas de las nuevas repúblicas todavía
lastradas por vicios coloniales. Su estancia de cerca de quince años en
Estados Unidos le permitió conocer a fondo los grandes creadores de la
cultura, los méritos y peligros de su sistema social, las
características de su pueblo y la tendencia imperialista creciente de
su gobierno.
Este
periplo vital quedó expresado en una obra literaria y periodística de
primera magnitud, que adquirió su definitivo impulso a partir del viaje
de Martí a Venezuela en 1881. El orador del discurso en el Club de
Comercio de Caracas, el editorialista de la Revista Venezolana, el
poeta de Ismaelillo, el autor del Prólogo al Poema del Niágara de Juan
Antonio Pérez Bonalde, es ya el iniciador de una nueva literatura
hispanoamericana que va a tener un Rubén Darío –quien al caer Martí en
Dos Ríos lo llamó "Maestro"– su cabeza más visible.
No
se dedicó Martí, sin embargo –y esa es otra lección de la parábola de
su vida– a labrarse un renombre literario, sino que puso podo su genio
verbal, como orador y como periodista, al servicio de la causa de Cuba
y de la que llamara, en páginas memorables, "Nuestra América", a cuya
concientización dedicó el testimonio de sus Escenas Norteamericanas.
Vida
toda ella dominada por la eticidad, por el sentido del deber y el
sacrificio, cuando José Martí proclama el Partido Revolucionario
Cubano, el 10 de abril de 1892 en Nueva York, los humildes emigrados en
la Florida ya empezaban a llamarlo con un apelativo –el Apóstol– que
significativamente rebasaba los marcos políticos habituales.
A
partir de aquella proclamación precedida por un discurso fundador del
nuevo proyecto República –"Con todos, y para el bien de todos",
pronunciado en el Liceo de Tampa el 26 de noviembre de 1891–, la
actividad revolucionaria de Martí alcanza una intensidad sobrecogedora,
reflejada en sus discursos, en sus artículos en el periódico Patria, en
su epistolario y en sus viajes incesantes, incluyendo los que tuvo que
hacer para asegurar la incorporación de los dos generales más
prestigiosos de la Guerra de los Diez Años: Máximo Gómez, elegido
General en Jefe del Ejército Libertador, y Antonio Maceo.
En
el citado discurso Martí había dicho: "O la República tiene por base el
carácter entero de cada uno de sus hijos, el hábito de trabajar con sus
manos y pensar por sí propio, el ejercicio íntegro de sí y el respeto,
como de honor de familia, al ejercicio íntegro de los demás: la pasión,
en fin, por el decoro del hombre, o la República no vale una lágrima de
nuestras mujeres ni una sola gota de sangre de nuestros bravos".
Principios
de esta fecundidad aparecen en los documentos que debieron inspirar, al
término de la guerra, la república martiana, tales como el artículo
Nuestras ideas, Manifiesto de Montecristi y las últimas cartas a
Federico Henríquez y Carvajal y a Manuel Mercado. Según éstos y muchos
otros textos, la República sería una democracia integral, sin
privilegios de raza ni de clase, fundada en el disfrute equitativo de
la riqueza y la cultura, y en reivindicación de las masas productoras.
Por
otra parte, en la citada carta a su confidente mexicano, pocas horas
antes de caer en combate, le escribió: "...ya estoy todos los días en
peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber –puesto que lo
entiendo y tengo ánimos con qué realizarlo". Ese deber consistía para
Martí en impedir a tiempo, al independizarse Cuba de España, que un
nuevo imperialismo se extendiera por las Antillas y cayera con mayor
fuerza aún sobre las tierras de América.
Para
eso, pues, y no sólo para liberar a Cuba de la colonia española,
organizó José Martí la nueva guerra, en la que cayó, el 19 de mayo de
1895.
En
lo hondo del pueblo la parábola martiana siguió manando lecciones y
reclamos, pues como le dijo también a Mercado: "Sé desaparecer, pero no
desaparecerá mi pensamiento".
Su
mayor gloria está en que supo hablar a los pobres y a los niños, en que
supo vivir y morir por ellos. Seguirá, por consiguiente, iluminándolos
con su ejemplo, ya que su obra en la tierra que lo vio nacer, en la
tierra toda, no tiene fin.
Prólogo de Versos Sencillos-1891
A Manuel Mercado, de México
A Enrique Estrázulas, del Uruguay
Mis amigos saben cómo se me salieron estos versos del corazón. Fue
aquel invierno de angustia, en que por la ignorancia, o por fe
fanática, o por miedo, o por cortesía, se reunieron en Washington, bajo
el águila temible, los pueblos hispanoamericanos. ¿Cuál de nosotros ha olvidado aquel escudo, el escudo en que el águila de Monterrey y de Chapultepec, el águila de López y de
Walker, apretaba en sus garras los pabellones todos de la América? Y
la agonía en que viví, hasta que pude confirmar la cautela y el brío de
nuestros pueblos; y el horror y vergüenza en que me tuvo el temor
legítimo de que pudiéramos los cubanos, con manos parricidas, ayudar el
plan insensato de apartar a Cuba, para bien único de un nuevo amo
disimulado, de la patria que la reclama y en ella se completa, de la
patria hispanoamericana, —que quitaron las fuerzas mermadas por dolores
injustos. Me echó el médico al monte: corrían arroyos, y se cerraban las nubes: escribí versos. A veces ruge el mar, y revienta la ola, en la noche negra, contra las rocas del castillo
ensangrentado: a veces susurra la abeja, merodeando entre las flores.
¿Por
qué se publica esta sencillez, escrita como jugando, y no mis
encrespados Versos Libres, mis endecasílabos hirsutos, nacidos de
grandes miedos, o de grandes esperanzas, o de indómito amor de
libertad, o de amor doloroso a la hermosura, como riachuelo de oro
natural, que va entre arenas y aguas turbias y raíces, o como hierro
caldeado, que silba y chispea, o como surtidores candentes? ¿Y mis Versos Cubanos, tan llenos de enojo, que están mejor donde no se les ve? ¿Y tanto pecado mío escondido, y tanta prueba ingenua y
rebelde de literatura? ¿Ni
a qué exhibir ahora, con ocasión de estas flores silvestres, un curso
de mi poética, y decir por qué repito un consonante de propósito, o los
gradúo y agrupo de modo que vayan por la vista y el oído al
sentimiento, o salto por ellos, cuando no pide rimas ni soporta repujos
la idea tumultuosa? Se imprimen estos versos porque el
afecto con que los acogieron, en una noche de poesía y amistad, algunas
almas buenas, los ha hecho ya públicos. Y porque amo la sencillez, y creo en la necesidad de poner el sentimiento en formas llanas y sinceras.
José
Martí
Nueva York, 1981
Versos Sencillos-1891
Yo soy un hombre sincero...
Yo soy un hombre sincero
De donde crece la palma,
Y antes de morirme quiero
Echar mis versos del alma.
Yo vengo de todas partes,
Y hacia todas partes voy:
Arte soy entre las artes,
En los montes, monte soy.
Yo sé los nombres extraños
De las yerbas y las flores,
Y de mortales engaños,
Y de sublimes dolores.
Yo he visto en la noche oscura
Llover sobre mi cabeza
Los rayos de lumbre pura
De la divina belleza.
Alas nacer vi en los hombros
De las mujeres hermosas:
Y salir de los escombros,
Volando las mariposas.
He visto vivir a un hombre
Con el puñal al costado,
Sin decir jamás el nombre
De aquella que lo ha matado.
Rápida, como un reflejo,
Dos veces vi el alma, dos:
Cuando murió el pobre viejo(*),
Cuando ella me dijo adiós(**).
Temblé una vez —en la reja,
A la entrada de la viña,—
Cuando la bárbara abeja
Picó en la frente a mi niña.
Gocé una vez, de tal suerte
Que gocé cual nunca:—cuando
La sentencia de mi muerte
Leyó el alcalde llorando.
Oigo un suspiro, a través
De las tierras y la mar,
Y no es un suspiro,—es
Que mi hijo va a despertar.
Si dicen que del joyero
Tome la joya mejor,
Tomo a un amigo sincero
Y pongo a un lado el amor.
Yo he visto al águila herida
Volar al azul sereno,
Y morir en su guarida
La vibora del veneno.
Yo sé bien que cuando el mundo
Cede, lívido, al descanso,
Sobre el silencio profundo
Murmura el arroyo manso.
Yo he puesto la mano osada,
De horror y júbilo yerta,
Sobre la estrella apagada
Que cayó frente a mi puerta.
Oculto en mi pecho bravo
La pena que me lo hiere:
El hijo de un pueblo esclavo
Vive por él, calla y muere.
Todo es hermoso y constante,
Todo es música y razón,
Y todo, como el diamante,
Antes que luz es carbón.
Yo sé que el necio se entierra
Con gran lujo y con gran llanto.
Y que no hay fruta en la tierra
Como la del camposanto.
Callo, y entiendo, y me quito
La pompa del rimador:
Cuelgo de un árbol marchito
Mi muceta de doctor.
(*) El padre de Martí quien murió el 9 de marzo de 1887, en Cuba.
(**) Se refiere a la despedida de María Cristina Granados, "La niña de Guatemala"
Pollice verso
(Memoria de Presidio)
¡Si! ¡yo también, desnuda la cabeza
De tocado y cabellos, y al tobillo
Una cadena lurda, heme arrastrado
Entre un montón de sierpes, que revueltas
Sobre sus vicios negros, parecían
Esos gusanos de pesado vientre
Y ojos viscosos, que en hedionda cuba
De pardo lodo lentos se revuelcan!
Y yo pasé, sereno entre los
viles,
Cual si en mis manos, como en ruego juntas,
Las anchas alas púdicas, abriese
Una paloma blanca. Y aún me aterro
De ver con el recuerdo lo que he visto
Una vez con mis ojos. Y espantado,
¡Póngome en pie, cual a emprender la fuga!
¡Recuerdos hay que queman la memoria!
¡Zarzal es la memoria; mas la mía
Es un cesto de llamas! A su lumbre
El porvenir de mi nación preveo.
Y lloro. Hay leyes en la mente, leyes
Cual las del río, el mar, la piedra, el astro,
Asperas y fatales: ese almendro
Que con su rama oscura en flor sombrea
Mi alta ventana, viene de semilla
De almendro; y ese rico globo de oro
De dulce y perfumoso jugo lleno
Que en blanca fuente una niñuela cara,
Flor del destierro, cándida me brinda,
Naranja es, y vino de naranjo.
Y el suelo triste en que se siembran lágrimas,
Dará árbol de lágrimas. La culpa
Es madre del castigo. No es la vida
Copa de mago que el capricho torna
En hiel para los míseros, y en férvido
Tokay para el feliz. La vida es grave,
Y hasta el pomo ruin la daga hundida,
Al flojo gladiador clava en la arena.
¡Alza, oh pueblo, el escudo, porque es grave
Cosa esta vida, y cada acción es culpa
Que como aro servil se lleva luego
Cerrado al cuello, o premio
generoso
Que del futuro mal próvido libra!
¿Veis los esclavos? ¡Como cuerpos muertos
Atados en racimo, a vuestra espalda
Irán vida tras vida, y con las frentes
Pálidas y angustiosas, la sombría
Carga en vano halaréis, hasta que el viento,
De vuestra pena bárbara apiadado,
Los átomos postreros evapore!
¡Oh, qué visión tremenda! ¡Oh, qué terrible
Procesión de culpables! Como en llano
Negro los miro, torvos, anhelosos,
Sin fruta el arbolar, secos los píos
Bejucos, por comarca funeraria
¡Donde ni el sol da luz, ni el árbol sombra!
¡Y bogan en silencio, como en magno
Océano sin agua, y a la frente
Porción del Universo frase unida
A frase colosal, sierva ligada
A un carro de oro, que a los ojos mismos
De los que arrastra en rápida carrera
Ocúltase en el áureo polvo, sierva
Con escondidas riendas ponderosas
A la incansable eternidad atada!
Circo la tierra es, como el
romano;
Y junto a cada cuna una invisible
Panoplia al hombre aguarda, donde lucen,
Cual daga cruel que hiere al que la blande.
Los vicios, y cual límpidos escudos
Las virtudes: la vida es la ancha arena,
Y los hombres esclavos gladiadores.
Más el pueblo y el rey, callados miran
De grada excelsa, en la desierta sombra.
¡Pero miran! Y a aquel que en la contienda
Bajó el escudo, o lo dejó de lado,
O suplicó cobarde, o abrió el pecho
Laxo y servil a la enconosa daga
Del enemigo, las vestales rudas,
Desde el sitial de la implacable piedra,
Condenan a morir, pollice verso;
¡Llevan, cual yugo el buey, la cuerda uncida,
Y a la zaga, listado el cuerpo flaco
De hondos azotes, el montón de siervos!
¿Veis las carrozas, las ropillas blancas
Risueñas y ligeras, el luciente
Corcel de crin trenzada y riendas ricas,
Y la albarda de plata suntuosa
Prendida, y el menudo zapatillo
Cárcel a un tiempo de los pies y el
alma?
¡Pues ved que los extraños os desdeñan
Como a raza ruin, menguada y floja!
La verdad sobre los Estados Unidos
por José Martí
Es
preciso que se sepa en nuestra América la verdad de los Estados Unidos.
Ni se debe exagerar sus faltas de propósito, por el prurito de negarles
toda virtud, ni se ha de esconder sus faltas, o pregonarlas como
virtudes. No hay razas: no hay más que modificaciones diversas del
hombre, en los detalles de hábito y formas que no les cambian lo
idéntico y esencial, según las condiciones de clima e historia en que
viva. Es de hombres de prólogo y superficie-que no hayan hundido los
brazos en las entrañas humanas, que no vean desde la altura imparcial
hervir en igual horno las naciones, que en el huevo y tejido de todas
ellas no hallen el mismo permanente duelo del desinterés constructor y
el odio inicuo,-el entretenimiento de hallar variedad sustancial entre
el egoísta sajón y el egoísta latino, el sajón generoso o el latino
generoso, el latino burómano o el burómano sajón: de virtudes y
defectos son capaces por igual latinos y sajones. Lo que varía es la
consecuencia peculiar de la distinta agrupación histórica: en un pueblo
de ingleses y holandeses y alemanes afines, cualesquiera que sean los
disturbios, mortales tal vez, que les acarree el divorcio original del
señorío y la llaneza que a un tiempo lo fundaron, y la hostilidad
inevitable, y en la especie humana indígena, de la codicia y vanidad
que crean las aristocracias contra el derecho y la abnegación que se
les revelan, no puede producirse la confusión de hábitos políticos y la
revuelta hornalla de los pueblos en que la necesidad del conquistador
dejó viva la población natural, espantada y diversa, a quien aún cierra
el paso con parricida ceguedad la casta privilegiada que engendró en
ella el europeo. Una nación de mocetones del Norte, hechos de siglos
atrás al mar y a la nieve, y a la hombría favorecida por la perenne
defensa de las libertades locales, no puede ser como una isla del
trópico, fácil y sonriente, donde trabajan por su ajuste, bajo un
gobierno que es como piratería política, la excrecencia famélica de un
pueblo europeo, soldadesco y retrasado, los descendientes de esta tribu
áspera e inculta, divididos por el odio de la docilidad acomodaticia a
la virtud rebelde, y los africanos pujantes y sencillos, o envilecidos
y rencorosos, que de una espantable esclavitud y una sublime guerra han
entrado a la conciudadanía con los que los compraron y los vendieron,
y, gracias a los muertos de la guerra sublime, saludan hoy como a igual
al que los hacían ayer bailar a latigazos. En lo que se ha de ver si
sajones y latinos son distintos, y en lo que únicamente se les puede
comparar, es en aquello en que les hayan rodeado condiciones comunes; y
es un hecho que en los Estados del Sur de la Unión Americana, donde
hubo esclavos negros, el carácter dominante es tan soberbio, tan
perezoso, tan inclemente, tan desvalido, como pudiera ser, en
consecuencia de la esclavitud, el de los hijos de Cuba. Es de supina
ignorancia, y de ligereza infantil y punible, hablar de los Estados
Unidos y de las conquistas reales o aparentes de una comarca suya o
grupo de ellas, como de una nación total e igual, de libertad unánime y
de conquistas definitivas: semejantes Estados Unidos son una ilusión o
una superchería. De las covachas de Dakota, y la nación que por allá va
alzándose, bárbara y viril, hay todo un mundo a las ciudades del Este,
arrellanadas, privilegiadas, encastadas, sensuales, injustas. Hay un
mundo, con sus casas de cantería y libertad señorial, del Norte de
Schenectady a la estación zancuda y lúgubre del Sur de Petersburg, del
pueblo limpio e interesado del Norte, a la tienda de holgazanes,
sentados en el coro de barriles, de los pueblos coléricos, paupérrimos,
descarados, agrios, grises del Sur. Lo que ha de observar el hombre
honrado es precisamente que no sólo no han podido fundirse, en tres
siglos de vida común, o uno de ocupación política, los elementos de
origen y tendencia diversos con que se crearon los Estados Unidos, sino
que la comunidad forzosa exacerba y acentúa sus diferencias primarias,
y convierte la federación innatural en un estado, áspero, de violenta
conquista. Es de gente menor, y de la envidia incapaz y roedora, el
picar puntos a la grandeza patente y negarla en redondo, por uno u otro
lunar, o empinársele de agorero, como quien quita una mota al Sol. Pero
no augura, sino certifica, el que observa cómo en los Estados Unidos,
en vez de apretarse las causas de unión, se aflojan; en vez de
resolverse los problemas de la humanidad, se reproducen; en vez de
amalgamarse en la política nacional las localidades, la dividen y la
enconan; en vez de robustecerse la democracia y salvarse del odio y
miseria de las monarquías, se corrompe y aminora la democracia, y
renacen, amenazantes, el odio y la miseria. Y no cumple con su deber
quien lo calla, sino quien lo dice. Ni con el deber de hombre cumple,
de conocer la verdad y esparcirla; ni con el deber de buen americano,
que sólo ve seguras la gloria y paz del continente en el desarrollo
franco y libre de sus distintas entidades naturales; ni con su deber de
hijo de nuestra América, para que por ignorancia, o deslumbramiento, o
impaciencia no caigan los pueblos de casta española al consejo de la
toga remilgada y el interés asustadizo, en la servidumbre inmoral y
enervante de una civilización dañada y ajena. Es preciso que se sepa en
nuestra América la verdad de los Estados Unidos.
Sueño
despierto
Yo sueño con los ojos
Abiertos, y de día
Y noche siempre sueño.
Y sobre las espumas
Del ancho mar revuelto,
Y por entre las crespas
Arenas del desierto,
Y del leòn pujante,
Monarca de mi pecho,
Montado alegremente
Sobre el sumiso cuello,
Un niño que me llama
Flotando siempre
veo!
Hierro
Ganado tengo el pan: hágase el verso,-
Y en su comercio dulce se ejercite
La mano, que cual prófugo perdido
Entre oscuras malezas, o quien lleva
A rastra enorme peso, andaba ha poco
Sumas hilando y revolviendo cifras.
Bardo ¿consejo quieres? Pues descuelga
de la pálida espalda ensangrentada
El arpa dívea, acalla los sollozos
Que a tu garganta como mar en furia
Se agolparán, y en la madera rica
Taja plumillas de escritorio y echa
Las cuerdas rotas al movible viento.
¡ Oh alma!, ¡oh, alma buena! ¡mal
oficio
Tienes!: ¡póstrate, calla, cede, lame
Manos de potentado, ensalza, excusa
Defectos, tenlos –que es mejor manera
De excusarlos, y
mansa y temerosa
Vicios celebra, encumbra vanidades:
Verás entonces, alma, cuál se trueca
En plato de oro rico tu desnudo
Plato de
pobre!
Pero guarda ¡oh alma!
¡Que usan los hombres hoy oro empañado!
Ni de esos cures, que fabrican de oro
Sus joyas el bribón y el
barbilindo:
Las armas no, -las armas son de hierro!
Mi mal es rudo: la ciudad lo encona:
Lo alivia el campo inmenso: ¡otro más vasto
Lo
aliviará mejor! –Y las oscuras
Tardes me atraen, cual si mi patria fuera
La dilatada sombra.
Era yo niño-
Y con filial amor miraba al
cielo,
¡Cuán pobre a mi avaricia el descuidado
Cariño del hogar! ¡Cuán tristemente
Bañado el rostro ansioso en llanto largo
Con mis ávidos
ojos perseguía
La madre austera, el padre pensativo
Sin que jamás los labios ardorosos
Del corazón voraz la sed saciasen.
¡ Oh verso amigo,
Muero de soledad, de amor me muero!
No de vulgar amor; estos amores
Envenenan y ofuscan: no es
hermosa
La fruta en la mujer, sino la estrella
La tierra ha de ser luz, y todo vivo
Debe en torno de sí dar lumbre de astro.
¡ oh, estas
damas de muestra ¡ ¡oh, estas copas
de carne! ¡oh, estas siervas, ante el dueño
que las ennjoya y que las nutre echadas!
¡ te digo, oh verso, que los dientes duelen
de comer de esta carne!
Es de inefable
Amor del que yo muero, -del muy dulce
Menester de llevar, como
se lleva
Un niño tierno en las cuidadosas manos,
Cuanto de bello y triste ven mis ojos.
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no pudimos hacer la revolución. Pero tuvimos, tenemos, tendremos razón
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compra, ni se vende y sienta ganas de querer cambiar el mundo.”
Envar El Kadri
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FUERA LOS YANQUIS DE IRAK Y AMERICA LATINA
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